ENTREVISTA A DANA REPKA, POR LA INICIATIVA DE GÉNERO EN UNIVERSIDAD DI TELLA

Por Victoria Abatte @vicabatte

Dana Repka tiene 21 años y estudia derecho en la Universidad Torcuato Di Tella. Fue una de las estudiantes que redactó el comunicado sobre violencia de género en la Universidad, que presentaron a las autoridades institucionales a fines de 2018.

¿Qué motivó el comunicado?

El comunicado surge por iniciativa de un grupo de estudiantes de distintas carreras de la universidad, que notábamos que cuando reclamábamos cuestiones vinculadas al machismo, a la violencia y la desigualdad de género frente a las autoridades no nos estaban dando respuestas efectivas.

Entonces nosotros, que nos conocimos a través de una materia optativa que incorporaron el año pasado – Género, Política y Sociedad -, quisimos organizarnos para no permitir que nos sigan postergando las respuestas, unirnos y escribir un comunicado.

Lo enviamos a fines del año pasado a todas las autoridades: al rector, a la vicerrectora y a todos los directores de las escuelas.

¿Cómo fue el proceso?

El año pasado fuimos con dos compañeras al Encuentro Nacional de Mujeres (ENM) en Chubut y ahí fuimos al taller de Mujeres y universidad. Conocimos chicas de la Universidad de la Matanza, de la UBA, de la UNTREF y vimos que ellas ya estaban mucho más avanzadas que nosotras, tenía un protocolo.

Cuando volvimos empezamos a juntar firmas, mandando el Google form por grupos de Whatsapp. Juntamos 110 firmas y una vez que se difundió el comunicado, firmaron alrededor de 40 personas más, con lo cual llegamos a cerca de 150 firmas.

¿Qué dificultades encontraron?

Lo que nos pasa en la Di Tella es que la mayoría de nosotros somos becados al 100%, venimos de colegios públicos, de una realidad completamente distinta. Entonces, el alumnado es poco activo, le interesa muy poco más allá de cursar y aprobar, qué le pasa a la facultad, ver qué se puede mejorar. Entonces, nuestra primera dificultad fue sumar gente, por ejemplo, conseguir un representante de cada carrera, que era lo que queríamos hacer para que fuera representativo el comunicado. Las carreras que más nos cuestan son las de economía, que tienen mayor cantidad de alumnos pero son las menos interesadas el general.

Finalmente encontramos a personas dispuestas a unirse y ahí empezamos a escribir el comunicado. Por suerte, el proceso de escritura fue bastante sencillo: teníamos las ideas claras y fue solo cuestión de sentarnos y redactarlo de la manera más prolija posible. Además todos estuvimos de acuerdo en que el comunicado, además de plantear todos los problemas que señalamos, también debía incluir una parte propositiva. Exponemos que hay problemas y planteamos soluciones. Esa fue la idea, porque muchas veces nuestros directores de carrera, cuando vamos a plantearles estos problemas, nos decían que siempre éramos críticos y poco propositivos. Entonces para mostrarles que no sólo no interesaba quejarnos sino que también construir algo nuevo que sea mejor, decidimos incluir esa parte final, que para mí es la más importante del comunicado.

¿La universidad respondió?

Un mes y medio después, la vicerrectora nos dio una respuesta muy políticamente correcta: “Vamos a tener en cuenta todo lo que nos están diciendo”, pero nada más. Y en realidad lo que a nosotros lo que nos importaba era ser parte del proceso de consolidación de todas las medidas que queríamos tomar. Sentimos que nos dejaron afuera de ese proceso y lo arreglaron puertas para adentro.

Respuestas concretas a los reclamos que veníamos haciendo que tuvimos hasta ahora fueron bastante pocas. Algunas mejoras importantes fueron que sacaron el SAP (Síndrome de Alienación Parental) en derecho de familia y, por otro lado, las leyes de violencia intrafamiliar y la ley de protección a la mujer ya se incluyen en el programa, lo cual es un gran avance. También empezaron a hablar con algunos profesores que estaban haciendo unos comentarios muy misóginos en clase, mi director de carrera en particular estuvo hablando de eso y en ese sentido también se notó un avance. Ahora bien, el protocolo todavía no se hizo, no se incluyó a ninguna profesora mujer todavía, las estadísticas son bajísimas. En mi carrera solo tenemos una profesora investigadora mujer, cuando la mayoría de las estudiantes somos mujeres y de hecho me acabo de enterar que el nuevo profesor que se incluye es varón, con lo cual parece que no tuvieron en cuenta la paridad de género a la hora de seleccionar al nuevo docente que iba a ocupar ese cargo. Y la materia de Género, Política y Sociedad que mencioné antes sigue siendo optativa. No hubo mucha modificación de los planes de estudio, en cuanto a la inclusión de perspectivas feministas, así que queda todavía mucho para avanzar y nos encontramos con muchas resistencias a la hora de participar en ese proceso. Están manejándolo  por dentro y no se nos da para tener una relación de comunicación más fluida entre nosotros.

Además, hace poco empezamos a formar parte de un grupo feminista en la facultad que se llama Club Deconstruyendo Di Tella, que se formó hace un año pero tiene un montón de trabas: la universidad no nos reconocen como club, no se quieren juntar con nosotros a las reuniones como lo hacen con los clubes de finanzas, por ejemplo. Tampoco difunden nuestras actividades, ni están de acuerdo con que hagamos actividades abiertas al público, quieren que solo nos reunamos nosotros, entonces nos cuesta avanzar. Y eso que ahora estamos más organizados.

¿Y el centro de estudiantes?

Cuando escribimos el comunicado queríamos que el CEDIT (centro de estudiantes) lo firmase y también nos metieron miles de trabas, no lo quisieron firmar. Después quisieron hacer una secretaría de género, lo cual esta buenísimo porque era un gran avance dentro del centro de estudiantes, pero no pusieron a una mujer a cargo de esa secretaría, que es lo recomendado, siendo que recibiría denuncias de violencia de género. Entonces habiendo tantas mujeres tan capaces dentro de la universidad que son estudiantes, se nota no hubo realmente comunicación con el grupo que estuvo detrás del comunicado. Fue triste que además de la falta de respuestas de la institución, del alumnado que generalmente no es muy partícipe de todo lo que reclamamos, también nos enfrentamos con esta resistencia del centro de estudiantes.

¿Qué consejos recibieron de chicas de otras universidades?

Cuando fuimos al ENM con otras dos estudiantes de la Di Tella a Chubut estábamos muy desesperanzadas con todas estas resistencias, al punto de pensar “nos quedan dos años más y nos recibimos, que se arreglen”. Lo que más me impactó de lo que hablé con chicas de otras universidades en el ENM es que no hay que dejar el trabajo para otros después. Incluso si somos poquitas, nos tenemos que organizar, hablar con nuestras compañeras, mandar comunicados. Nos decían: “Si te dicen que no, volvé a insistir”. Y este año tuve dos reuniones con mis directores, reclamando y presionando por esto. Ese consejo que nos dieron de no rendirnos, de no dar por perdidos los espacios fue lo más importante me llevé. También la idea del protocolo la agregamos gracias a ellas, que ya lo tenían consolidado. Estuvo bueno porque muchos protocolos de universidades (de la Universidad Nacional de la Matanza y la UNTREF, por ejemplo) exigen que haya una denuncia penal para que ese protocolo actúe. Y eso es bastante limitante para la víctima, porque no necesariamente va a querer ir a un tribunal penal a denunciar a su profesor o a un estudiante. Entonces, como parte de ese aprendizaje que tuvieron las compañeras, nosotros exigimos un protocolo que no incluya ese requisito de admisibilidad para que funcione. Buscamos que no sea necesario que la víctima tenga que recurrir a la justicia penal porque sabemos que es súper patriarcal y revictimizante y no todas las mujeres quieren pasar por ese proceso para que actúe el protocolo. Eso lo tomamos como aprendizaje para que en la consolidación del protocolo, que esperemos que este año se haga, no se incluya esa traba.

¿Tuvieron consultas de chicas de otras universidades que quieran seguir por su mismo camino?

Hace poco entré en contacto con chicas de la UCA, porque en una materia de ética de quinto año de medicina estaban enseñando Agustín Laje, en una clase sobre perspectiva de género.

Yo publiqué la foto, se empezó a difundir al punto que la tuve que bajar, porque la chica que la sacó se asustó por la enorme visibilización que tuvo y pensó que la facultad podía tomar acciones en su contra, así que como mecanismo de protección entre nosotras la borré. Pero el impacto positivo que tuvo eso es que entré en contacto con estudiantes de la UCA feministas. La semana pasada hable con ellas y me contaron que le pidieron al decano de medicina una reunión para hablar del contenido de esta materia. Esto para mí es un enorme avance porque que en una universidad católica haya gente que desde adentro active el feminismo es casi como un sueño. Más allá de que deben tener muchísimas más trabas de las que tenemos nosotras que estamos una universidad laica, está bueno que se organicen. Y a eso las invitamos, a que se organicen, a que nos avisen si necesitan algo, si necesitan difusión de lo que hacen. Les mandé el comunicado para que lo tengan por si quieren hacer algo parecido. Está bueno el intercambio entre estudiantes de distintas universidades. De hecho, una de las ideas que tenemos ahora desde el Club Deconstruyendo es crear una red interuniversitaria de estudiantes feministas, que creo que sería un gran paso. Estos reclamos que hicimos en el comunicado no solo pasan en la Di Tella, pasa en todas las universidades y en todos los ámbitos.

El feminismo es un movimiento transversal, entonces también necesitamos que nuestras organizaciones también lo sean. En los secundarios están mucho más organizadas, en la universidad cuesta, sobre todo en las privadas o en las religiosas, que hay mucho miedo a organizarse. Pero cuando sabés que hay otro que está reclamando lo mismo que vos te incentiva más. Se trata de presentar un frente unido, mostrar que son cosas que pasan en todas las universidades y que estamos pidiendo algo que es muy legítimo y muy necesario si queremos una educación realmente inclusiva, justa, participativa.

¿Notás un cambio en las alumnas ingresantes?

Sí, en las ingresantes hay un cambio abismal. Cuando entré a la facultad en 2016 sentía que había un desfasaje entre lo que se vivía en las calles, esta oleada que ya existía desde el Ni Una Menos, con lo que se vivía en la universidad. Las estudiantes no se sentían interpeladas por el feminismo, de hecho en mi camada somos solo cinco feministas, pero eso cambió abismalmente con los años y con las chicas que ahora están ingresando a la facultad. Yo creo que es porque ya vivieron toda su secundaria en este clima de época del Ni Una Menos y todas tienen el pañuelo verde, se acercan mucho más a los estudiantes más grandes. Yo fui ayudante en Derecho Penal y vi que muchas chicas hacían trabajos sobre feminismo. Es un cambio totalmente abismal. Nuestra idea es dejarles el espacio más facilitado para que ellas puedan seguir, porque creo que ellas son la verdadera revolución, tienen otra cabeza y nuestro deber es ayudarlas en esa transición en la universidad y en la construcción de un espacio que sea para todos y todas.

¿Los varones acompañan?

Encontramos que es el grupo que más resistencia nos está causando.

Nuestro grupo feminista también es LGBT y por eso se acercan mucho más los varones homosexuales. Es difícil. En mi facultad hay muy pocos varones heterosexuales. Creo que eso es una cuestión de clase, porque en las clases más altas está más aceptada la homosexualidad masculina que las lesbianas, que están muy invisibilizadas.

Nos pasó de difundir pequeños papelitos para que se acerquen al espacio del Club Deconstruyendo y nos escriben “zurdos” o “locos”.

Nosotros pensamos que tienen que incluirse para entender que el reclamo es heterogéneo y que incluya distintos espacios bajo una misma bandera. Eso es lo que más no está costando.

Además, como sabemos, los varones suelen ser más escuchados en este sistema patriarcal, entonces el hecho de que seamos casi todas mujeres nos cuesta mucho más ser escuchadas. Es una lástima. Deberíamos ser escuchadas de por sí, por ser personas, pero sabemos que no funciona de esa manera.

Tenemos ganas de a mitad de año sacar otro comunicado con más firmas como una manera de hacer ver que no nos quedamos solo en esto, sino que es un reclamo y una lucha constante dentro de la facultad.

Victoria Abatte para Bridge The Gap